
Son pocos los que aman a sus enemigos, porque algunos buenos cristianos no los odian, ni les desean mal, pero ¿amarlos?...amarlos les resulta casi imposible. Y vosotros, hijos Míos, que Me ofendéis no una, sino mil veces al día, volvéis a Mí y estáis seguros de Mi perdón y de Mi amor.
Si Mi Corazón fuera como el vuestro Yo no podría amaros, pero cuanto más miserables os veo, más se mueve Mi misericordia y os amo sin tener en cuenta ni el mal, ni las infidelidades, ni las resistencias que Me hicisteis. Yo, Jesús, os hablo.
Yo amé desmesuradamente a Judas a pesar de que sabía que Me entregaría, y hasta en el último momento, con Mi mirada le demostré Mi amor. Era la última mirada que Yo le dí cuando Me entregó con un beso, el no la pudo olvidar y le llenó de remordimientos. Hijos Míos, sed como Yo fui, perfecto, amando a quienes os hacen mal, mirad que digo amando, porque es eso lo que os pido para vuestros enemigos. Ya se que los que vivís cristianamente no los odiáis, pero Yo os pido aun más, os pido que los améis, que recéis, que reparéis y que Me pidáis bienes para ellos, y esto ya es amarlos en Mí. Y cuando tengáis la ocasión de ser vosotros quienes les tengáis que hacer un bien, no desperdicies la ocasión de hacerlo, porque eso Me complacerá mucho más que todas las penitencias del mundo. Yo, Jesús, os hablo.
Hijos Míos, mortificad vuestro “yo” vuestro amor propio, no os améis tanto a vosotros mismos, sed como Vuestro Maestro era, de Corazón magnánimo, grande y bondadoso. Ved como Pedro se acogió a Mi Misericordia y llegó a ser columna de la Iglesia y lo mismo Pablo, que era uno de Mis enemigos, porque el amor verdadero a las almas, aun a aquellas que nos odian y atacan, ese amor da frutos muy grandes en la Santa Madre Iglesia, porque es un amor puro y verdadero que ha ganado la batalla a vuestro amor propio. Yo, Jesús, os hablo y os instruyo. Mi paz y la de Mi Santa Madre estén con todos vosotros.