
Cuando Mi Padre contempla a un sacerdote si Me ve en él, Su Corazón se alegra porque verme a Mí en Mis hijos y siervos, le da una gran alegría y El los colma de gracias y bendiciones como si de Mi Mismo se tratara. Así pues, hijos Míos, sacerdotes de Dios, sacerdotes de Ministri Dei, sed santos en cada instante y veréis como los frutos en las almas no se hacen esperar. Primero debo ser Yo en vuestras vidas, en vuestras cosas, después si os sobra tiempo, podéis emplearlo en vuestros gustos, deportes, paseos u otros, pero antes de nada Mis intereses, ya que lo que vosotros no hagáis, no se hará en vuestro entorno y las almas deben de tener asistencia asidua, porque os he dado la vocación para que las guiéis hacia Dios y no podéis desentenderos de ellas.
Sois Mi imagen, Mis representantes, por eso hijos Míos, os daré toda clase de gracias, no deseo que carezcáis de ellas para que las empleéis en el bien de las almas, pero vivid vuestra fe en consecuencia, es decir, que viváis Mi Evangelio en todas las facetas de vuestra vida. Sed humildes y muy prudentes con vuestros superiores, ya lo he dicho en otra ocasión pero os lo recuerdo, porque la memoria humana a veces, es frágil y olvida fácilmente. Acudid a Mí no como vuestro jefe o juez, sino como Vuestro Hermano que os llama y desea que compartáis Conmigo vuestras confidencias, incertidumbres, necesidades, ilusiones, deseos. Amadme como Yo os amo, sin condición, y seréis verdaderos focos de luz para esta sociedad que anda en tenebrosas oscuridades. Yo, Jesús, Vuestro Hermano, Vuestro Salvador, os hablo y os doy Mi paz.