
Di a Mi hijo Braulio que Me agrada mucho que este día repare este Augusto Sacramento, y a vosotros hijos Míos que participáis en la reparación, os digo que Me sirve de gran consuelo vuestros rezos y que esperamos Mi Madre y Yo deseosos que Nos lo hagáis, para Nuestro consuelo.
Yo Soy Jesús, el Pan Vivo bajado del Cielo. Yo amo a todo aquel que Me busca y cree en Mí, pero también amo a todo los que no creen en Mí. Yo Soy todo Amor, de Mí mana todo amor verdadero. Mi amor no es egoísta, no es calculador, no es interesado. Mi Amor Divino es desprendido, generoso, es el mejor don que os puedo dar: Amor Divino.
Conociendo este don ya no deseáis ninguna otra cosa, porque este don, os suple todas vuestras carencias y todas vuestras necesidades. Quien tiene la dicha de gustar el Amor Divino, de saborearlo, ya no quiere ninguna otra cosa.
Hijos, ¿por qué no Me creéis? ¿Por qué dudáis de que Yo, que Soy Dios, y un Dios de Amor, solo os puede dar la felicidad que tanto anheláis? Creéis que Mi trato es aburrido, ñoño, pesado, pero si gustaseis de vivir unidos a Mi, visitándome en Mi Sagrario, ofreciéndome vuestras miserias, veríais que Yo os sacio y, os doy esa felicidad que tanto deseáis.
Va a pasar vuestra vida sin haber experimentado el trato con Dios, sin haber tenido ninguna experiencia de Dios. No hijos, no lo permitáis, nunca es tarde para venir a Mi que Soy Amor, y Yo os espero con anhelo. Hijos os llamo, os espero, os busco, venid a Mi y no busquéis gozos donde no los vais a encontrar. Yo, Jesús, os hablo. Mi paz y amor con todos los que lean estos escritos. Jesús de Nazaret.