
Hijos de Dios, buscad también para la confesión sacerdotes santos, rectos, que cumplan debidamente su ministerio, para que todos los sacramentos sean recibidos por vosotros como debe de ser.
Debéis ir a confesar mucho más a menudo de lo que lo hacéis, aunque no tengáis pecados mortales. Debéis fortaleceros con este santo sacramento y lavad vuestras almas de la misma forma que laváis vuestros cuerpos, que aunque estén limpios, los laváis todos los días. Hijos de Dios, el alma es muy delicada y hay que darle de todo adecuadamente. Los sacramentos la mantienen viva y libre de pecado mortal, pero también la mantienen reluciente, brillante a los ojos de Dios, que se recrea, en un alma libre de podredumbre. A vosotros que os gusta las cosas bien hechas y en su punto no abandonéis el cuidado de vuestras almas, porque es necesario que a la misma, le deis todo lo santo y bueno para tener una vida de calidad, una vida interior de calidad y que a Dios Padre le agrade. Yo, Espíritu de Dios, os hablo.
Hijos de Dios, la perfección es muy difícil para vosotros tan acostumbrados a costumbres burdas e indisciplinadas, pero tenéis que dar a vuestra alma mucho más alimento espiritual del que le dais y con mucha más calidad, Yo, Espíritu de Dios, os hablo. Pedid ayuda a Vuestra Madre Celestial que fue y es Maestra inigualable en estas cosas, y pedidle que os enseñe a moveros en cada instante según sea la voluntad de Dios, Uno y Trino. Yo, Espíritu de Dios, os hablo y os bendigo.