
Si, hijos, sí, habrá otras circunstancias muy dolorosas de las que nadie ha hablado ni Yo ahora os quiero hablar, aunque os aviso de que serán también signos de los últimos tiempos.
Pero si hacéis caso a estas advertencias o las creéis ¿por qué no creéis o ponéis en práctica el remedio que el Cielo os da para soportar tanto mal? Sabéis el veneno y no queréis poner como remedio el antídoto. Contra toda clase de mal, sea de la índole que sea, la oración perseverante es el mejor de los antídotos, es decir, el mejor de los remedios. ¿Y oráis? ¿Dedicáis tiempo a la oración? Veis horas y horas la televisión y luego decís que no tenéis tiempo para orar. Así pues, quien no cargue sus arcas con la moneda de la oración, sucumbirá, ya os lo advierto, sucumbirá a la desesperación, al horror, al miedo, al desaliento.
Una barca que está perforada no puede navegar porque no está preparada, así el alma que no tenga en su haber horas y horas de oración, sucumbirá al temor y a la desgracia, las circunstancias la vencerán, porque en las circunstancias adicionales estará Mi enemigo mortal y Yo estoy (siempre) en la oración. Por eso, si no impregnáis vuestras vidas con la oración, seréis presas fáciles del miedo y del horror que Satanás prepara a esta sociedad que Me ha dado la espalda. Por tanto, hijos Míos, no perdáis tiempo. Proponeros desde hoy mismo, introducir en vuestras vidas un rato de oración. Yo, Jesús, os hablo, El que fue por delante de vosotros a prepararos una morada celestial, os habla y os advierte. Mi paz esté con todo aquel que cree estos escritos.