
Aunque no son muchas las almas que así Me aman, las hay en todos los lugares del mundo y en todos los puntos de la tierra. En conventos, en parroquias, obispados, hogares, y en toda clase de centros de trabajo, porque esas almas que están en esos puntos geográficos, cuando miro hacia ellas calman Mi ira ante el hedor del pecado (y ellas) transforman (ese hedor) en perfume de incienso que llega hasta Mi Trono, y así, cuando a su alrededor existen esas almas pecadoras, enganchadas al pecado, estas otras almas que se mantienen firmes e íntegras ante esos pecados de su entorno, Me consuelan y Me llenan de alegría, porque ellas, Me demuestran que el mundo y sus vicios no las han arrastrado y que pueden ser santas en medio de tanta podredumbre.
Son almas que pasan inadvertidas, nadie sabe de su grandeza (interior) pero Yo las veo, y Mi Santa Madre y Mi Padre Celestial, las bendicen cada día, para que Satanás, no las atrape ni las arrastre hacia el mal. Yo, Jesús, os hablo.
Quisiera tener almas así en más lugares de la tierra, quisiera que almas así se multiplicaran y fueran legiones, porque entonces, no habría castigos en la tierra por los pecados, pues la vida de la gracia, superaría al pecado, y eso, Yo lo tendría en cuenta.
Es importante, hijos Míos, que viváis en estado de gracia para que os convirtáis en frenos ante Mi justicia, de la que tengo que valerme para cortar y eliminar el mal de este mundo, que prolifera cada vez más. Por eso, os pido que no pequéis, porque el pecado trae males a la humanidad entera y la vida de la gracia, que es la vida divina en cada alma, trae muchos bienes, tanto terrenales como celestiales. Yo, Jesús, Vuestro Salvador, os hablo.