sábado, 11 de julio de 2009

Dictado 3-7-09

La Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo debe darse a conocer en los grupos de oración, para que la Tres Divinas Personas, sean honradas como les corresponde. Cada Divina Persona tiene un atributo especifico pero las Tres son Una, y las Tres son los mismo en dignidad.

Hay grupos de oración que rezan y rezan y eso Me agrada, pero también deben leer la Biblia, deben estar instruidos y deben de orar a solas Conmigo en el Sagrario, pues los rezos son como monedas que dais al Banco Celestial y son muy buenos, pero el diálogo a solas Conmigo, os da luz y sabiduría y os fortalece para superar las pruebas de cada día y la pruebas que la vida os tengan reservadas. Yo, Jesús, os hablo.


Mi Padre Celestial es también Vuestro Padre, pero ¿quién se dirige a El como tal? Debéis honrar a Vuestro Padre Celestial y contad con El en todo, pues El es un Padre como no hay ningún otro ni en la tierra ni en el Universo. Yo, Jesús, os hablo.


A Mi Santo Espíritu debéis invocarlo en todo lo santo que hagáis, para que Su luz e inspiraciones sean para vosotros guía de los pasos espirituales que deis y a Mí, hijos Míos, honradme en el Sacramento del Amor, porque allí estoy realmente presente y os espero con verdadero deseo de que Me visitéis.


Buscad documentos tanto en libros santos y aprobados por la iglesia que os hablen de las Tres Divinas Personas, para que sepáis defender a Dios Uno y Trino, llegada la hora en que os querrán confundir y quitar o poner de la doctrina católica lo que quieran, por eso, al estar instruidos no os podrán engañar, ni confundir y si tenéis que buscar sacerdotes que os instruyan, buscadlos para que os den catequesis adecuadas y les podáis hacer toda clase de preguntas. Yo, Jesús, os hablo y os prevengo.


Mi paz y la de la Santísima Trinidad estén con todos vosotros. Yo os bendigo en el nombre de Mi Padre, en el nombre de Mí Mismo, y en el nombre de Mi Santo Espíritu. Cuando os santiguáis también lo hacéis en el nombre de las Tres Divinas Personas, por tanto, cuando os santiguáis vosotros mismos os bendecís.